Oca/ Acedera tuberosa (Oxalis tuberosa) - Tubérculos para plantar XXL - El oro colorido de los incas
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¿Tubérculos coloridos y estriados que brillan como pequeñas piedras preciosas? ¡La apariencia de esta fascinante hortaliza atraerá todas las miradas! La oca no solo es una auténtica rareza en nuestros jardines, sino también el tubérculo más importante de los Andes después de la patata. Quien tenga ganas de vivir una experiencia de sabor nueva y refrescante encontrará lo que busca en esta hortaliza tuberosa: los tubérculos de espectaculares colores rojos, rosas, amarillos, blancos y naranjas combinan una textura crujiente con un aroma delicado, fresco y cítrico, que al cocinarse se vuelve deliciosamente dulce y con toques de frutos secos, tal como ya lo apreciaban los incas hace miles de años.
Contenido del envío: Porción de tubérculos (70 gramos+, 1-3 unidades)
Nota: Cada tubérculo de la imagen pesa alrededor de 70-90 gramos.
Después de recibir los tubérculos, consérvalos en un lugar oscuro y fresco (3-10 °C). Lo mejor es envolverlos en arena. Esta no debe estar seca, pero tampoco demasiado húmeda.
Crecimiento y aspecto
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Duración: Perenne, aunque aquí suele cultivarse como anual, ya que los tubérculos se cosechan a finales de otoño.
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Altura: Crece como una planta compacta y arbustiva, y alcanza aproximadamente entre 30 y 50 cm de altura.
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Aspecto: Cubre el suelo y forma una especie de cojín, con tallos carnosos de tonos rojizos y hojas verdes y jugosas, parecidas a las del trébol. También queda estupenda como planta decorativa de sotobosque.
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Flor y fruto: En verano aparecen pequeñas flores amarillas brillantes con forma de embudo. Sin embargo, lo más destacado crece oculto bajo tierra: los coloridos y brillantes tubérculos con su característica estructura estriada.
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Componentes: La oca pertenece a la familia de las oxalidáceas y contiene, al igual que el ruibarbo o la acedera, ácido oxálico, que le aporta su refrescante acidez cuando está cruda. Las personas sensibles al ácido oxálico deberían consumirla preferentemente cocida.
Información interesante
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Otros nombres: Además de la denominación habitual oca u oka, en alemán la planta se conoce como acedera tuberosa o acedera peruana. En la lengua indígena quechua se llama Uqa. En Nueva Zelanda se comercializa como New Zealand Yam o simplemente Yam, mientras que en Colombia y Venezuela se encuentra con los nombres de Hibia o Cuiba.
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Origen e historia: Es originaria de las ásperas regiones montañosas de los Andes, sobre todo de Perú y Bolivia, donde ya se cultivaba intensivamente en la época precolombina, mucho antes de la llegada de los europeos. Para los pueblos indígenas y, posteriormente, para los incas, la oca era un alimento básico esencial que contribuía decisivamente a la seguridad alimentaria. Es una auténtica especialista en adaptación: crece a alturas de hasta 4.000 metros y se desarrolla sin problemas incluso con veranos frescos y lluviosos, así como en suelos pobres y pedregosos. A mediados del siglo XIX, la planta llegó a Europa y, algo más tarde, a Nueva Zelanda. Mientras que en Europa siguió siendo una rareza absoluta durante mucho tiempo, hoy es muy popular en Nueva Zelanda y se encuentra en cualquier supermercado.
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Curiosidades de su tierra de origen: En Sudamérica existe un método tradicional: después de la cosecha, los tubérculos de oca se dejan varios días a pleno sol. Este proceso se denomina «curado». De este modo se reduce el ácido que contienen y los tubérculos se vuelven considerablemente más dulces.
Usos
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En la cocina: ¡Una auténtica todoterreno! Crudos y cortados en rodajas, los tubérculos aportan una textura crujiente y un toque cítrico a cualquier ensalada. Cocidos, fritos o asados al horno, desarrollan un aroma suave, dulce y parecido al de la patata. Consejo: Las hojas ácidas también pueden utilizarse como ingrediente decorativo en ensaladas.
Ubicación, cuidados y otros aspectos importantes
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Ubicación: Soleada o semisombreada. A la oca le gustan los veranos más bien frescos y húmedos; tolera peor los lugares muy cálidos y extremadamente secos.
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Cuidados: Su cultivo es muy sencillo. Necesita un suelo suelto y riegos regulares. Lo más importante es tener paciencia: la oca es una planta de días cortos. La formación de los tubérculos comienza bastante tarde en el año, a partir de septiembre, cuando los días se acortan notablemente. En otoño se pueden aporcar los tallos, como se hace con las patatas, para aumentar el rendimiento.
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Cosecha e invernada: Se cosecha lo más tarde posible. Solo cuando la primera helada fuerte marchita las hojas aéreas, llega el momento de sacar los tubérculos de la tierra. Quien quiera volver a cultivar oca al año siguiente puede guardar algunos tubérculos en un lugar oscuro, fresco y protegido de las heladas, por ejemplo, en arena húmeda. En primavera podrán plantarse de nuevo como «semillas».
Plantación y ubicación
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Al exterior: Solo después de los santos de hielo (mediados de mayo), cuando ya no haya riesgo de heladas tardías del suelo.
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Consejo de cultivo: Como la oca necesita un otoño lo más largo posible y sin heladas para formar abundantes tubérculos, se recomienda plantarla directamente en macetas grandes (de al menos 10 a 15 litros) o en bancales elevados. Si a finales de octubre amenazan las primeras heladas, se puede acercar la maceta a una pared protegida de la casa o introducirla en el invernadero. Así se puede prolongar la fase de crecimiento varias semanas valiosas.
Receta tradicional: oca al horno al estilo andino (Oca al Horno)
En los Andes, la oca suele prepararse de forma muy sencilla para resaltar su sabor propio. Esta receta tradicional utiliza el proceso de «curado» al sol para que los tubérculos sean especialmente dulces.
Ingredientes:
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500 g de tubérculos de oca (sin pelar)
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1 a 2 cucharadas de aceite vegetal
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Sal marina gruesa
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Para acompañar: Un queso suave y fresco (por ejemplo, queso fresco; como alternativa, queso de pastor o requesón) y una salsa de chile ligeramente picante.
Preparación:
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El «curado»: Coloca los tubérculos recién cosechados durante 3 a 5 días en un lugar soleado, por ejemplo, en el alféizar de una ventana.
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Frota bien los tubérculos madurados al sol bajo el chorro de agua. Déjales la piel, ya que adquiere una textura estupenda al hornearse.
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Mezcla los tubérculos en un bol con el aceite, de modo que queden ligeramente cubiertos.
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Distribúyelos en una bandeja de horno y hornéalos en el horno precalentado a 200 °C (calor superior e inferior) durante unos 20 a 30 minutos. Las ocas estarán listas cuando cedan ligeramente al presionarlas y la piel empiece a arrugarse un poco.
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Espolvorea los tubérculos calientes con sal marina gruesa y sírvelos tradicionalmente junto con el queso fresco.