¿Un melón en miniatura que crece en un frondoso arbusto verde? ¡La visión de esta interesante planta seguro que deja a todos con la boca abierta! La tzímbalo (también conocida como melón-pera silvestre, melón de los Andes o, en español, pepino silvestre) no solo es una auténtica rareza de Sudamérica, sino también una fascinante forma botánica primitiva: el antepasado silvestre e intacto del pepino cultivado. Quienes siempre han tenido ganas de probar una experiencia de sabor totalmente nueva y original encontrarán aquí lo que buscan: las pequeñas bayas con espectaculares franjas combinan el aroma del melón dulce y el pepino con una acidez deliciosamente refrescante, tal como las creó originalmente la naturaleza.
Esta fascinante rareza no puede faltar en mi colección de solanáceas poco comunes. La variedad 'reptans' hace honor a su nombre, ya que crece rastrera, colgante o, con el soporte adecuado, también trepa a la perfección. Esto la convierte en la candidata ideal para grandes cestas colgantes, jardineras altas de balcón o como pantalla vegetal con frutos en pequeños enrejados.
Contenido del envío: 10 semillas
Siembra de un vistazo:
| Característica |
Indicación |
| Siembra en interior (casa) |
Sembrar entre febrero y mediados de abril |
| Profundidad de siembra |
Cubrir con unos 0,5 cm de sustrato para semilleros y presionar suavemente |
| Temperatura de germinación |
De 22 a 25 grados Celsius (el calor constante es fundamental para la germinación) |
| Tiempo de germinación |
De 14 a 21 días |
| Trasplante al exterior |
Trasladar definitivamente al exterior solo después de mediados de mayo, una vez pasados los santos de hielo |
Crecimiento, ubicación y cuidados:
A diferencia de sus parientes de crecimiento erguido, esta especie desarrolla tallos blandos de varios metros de largo. Pueden colgar de forma muy decorativa por el borde de la maceta o guiarse fácilmente hacia arriba con una celosía. Le gusta estar en un lugar cálido, protegido del viento y a pleno sol. En los días más calurosos del verano, la tzímbalo necesita abundante agua, pero no tolera en absoluto el encharcamiento en la zona de las raíces. Por eso, para cultivarla en macetas o cestas colgantes, suelo mezclar generosamente un buen sustrato rico en nutrientes con piedra pómez, perlita o gravilla de lava, que aportan estructura y garantizan un drenaje perfecto y una aireación óptima de las finas raíces. Conviene evitar un exceso de fertilizante nitrogenado, pues de lo contrario la planta producirá una cantidad enorme de hojas, pero muy pocas flores y frutos.
Cosecha e indicación importante:
La paciencia durante la cosecha tiene una gran recompensa: los pequeños frutos de franjas marcadas solo están maduros y tienen un aroma intenso cuando ceden ligeramente al presionarlos con los dedos y se desprenden fácilmente del tallo.
Atención: al igual que casi todas las solanáceas, los frutos aún duros e inmaduros y todas las partes verdes de la planta contienen solanina tóxica y no deben consumirse.
Invernada:
Como la planta procede de las regiones andinas de Sudamérica, no resiste el invierno en nuestras latitudes. Sin embargo, es una planta perenne, por lo que merece mucho la pena conservarla durante el invierno. Antes de las primeras heladas nocturnas, la llevo al interior, recorto considerablemente los tallos largos y la mantengo durante el invierno, igual que mis physalis, en un lugar luminoso y fresco, a unos 10 a 15 grados Celsius. Durante este periodo, riégala con mucha moderación. Así comenzará la nueva temporada la primavera siguiente con una gran ventaja y un potencial de rendimiento considerablemente mayor.
Origen y clasificación:
Desde el punto de vista botánico, Solanum caripense pertenece a la gran familia de las solanáceas (Solanaceae). Su área de distribución natural se extiende por las laderas de los Andes sudamericanos, desde Colombia, pasando por Ecuador, hasta Perú. Como en su lugar de origen suele crecer a cierta altitud, se adapta muy bien a los veranos de Europa central.